
Trazad color a tiempo indefinido.
Sed pincel marfileño a mi pie. Páramo helado al susurro de los puercos.
Mostradme dónde se acristalan las rosas. Y dejad, después, un resto de altanería.
Estos, ateridos de la socorrida agua que extiende a la cuenca de los ojos, cadencia y vastedad, mieles de a nombre, os tercian miradas eternas persiguiendo el (no) olvido.
La línea, esa divisoria sonrisa ante el faldón azul de una niña, ¿no os asemeja cual deleitoso abismo de arremetidas varoniles?
¡Me ahogáis con vuestra ridícula e inútil métrica!
Ah… qué delicia y qué deseo. ¡Yo mismo deseaba eyacule entre sus pechos!
Se me acelera el pulso, sí, entre los espasmos que desfogan mi sentido a escaleras.
Boca abajo y de pie, a Cruz de Sal, invítanme a yacer en un gran cuerpo de aguas grises y cenagosas.
Pegajosas enredaderas que atraen lo desasistido a lamentos, desparpajo esperpento a una voz de colores y algodón, hiedra en descensión, suspensión (de) generativa, satúranme enjambre.
Las olas espumosas para con babas de miel, abejas de corsé y talle manado, elegancia de posaderas mendigándose la sal, etc, son elementos concebidos junto al altar de la Isis vulgar.
La pestilencia, sí, emerge y filtra.
Y ante el espejo, separados ya por entre las corridas canaliticas, catatónicas, perjúmenes que arrastráis al llagaros agrado, yo os acicalo la mesa y el pescado.
Mi palma, tripa de mis prisiones, madera escupida de grasa y orines.
Vómitos y arcadas, sí, y posos que agrádanse a las vaselinas más excelsas: Amatistas, jade, rubíes, esmeraldas, sois jadeos de un jardín enmohecido. La salvación miserable de pupilas dilatadas.
Abiertas estas, trastienda al primero en escena, libáis los secretos de la servidumbre.
¿Presiento hálito defecoso? ¿Se os abre la pudicicia sin límite alguno?
No iréis a desvelaros ahora como personajes dados al decoro, ¿verdad?
¡No sois más limpios que los gorrinillos que crío yo en mi finca!
Copyright by Juanito de Rochester´ 2010
Hoy, ustedes perdonarán, tomo posición por el injustificado ataque hacia unos compañeros de armas.
No hay cosa que más asco me de, usías, que personajes en cónclave y conchabada función.
A los escritores y poetas, bien visto, no los representa la feria de tarados, gañanes y muertos de hambre que, como exhibición sin talento, reúnen de plaza en plaza (obviaré nombre de líder. Pues, como el mal rapé, da lágrima).
Pido perdón por la aparición de lord Juanito (prometí que jamás volvería a aparecer en un blog).
Hoy, sin embargo, ha poseído mano y ha surgido sin previo aviso.
Hasta la próxima…